Si su chica une sus manos y cierra los dedos exceptuando el indice y el pulgar, a forma de pistola, posicionando así ambas palmas a la altura de la mitad del rostro. Gira su cadera 30 grados del lado donde están sus manos al mismo tiempo que voltea la cara y guiña un ojo mirando directamente hacia donde usted sostiene una suerte de memoria protésica que le salvará del olvido. Olvido que quizás para cuando llegue usted no tendrá manera de justificar el haberse sentido abrumado o confuso.
Respire hondo y mire al fondo del espejo.
Tal vez ella sabe que no es la mujer en quién usted piensa tanto antes de cerrar los ojos.
Pudo haber sido su héroe pero no fue así.
Decidió el infierno y ahora debe recapacitar.
...
Respire hondo y mire al fondo del espejo.
Tal vez ella sabe que no es la mujer en quién usted piensa tanto antes de cerrar los ojos.
Pudo haber sido su héroe pero no fue así.
Decidió el infierno y ahora debe recapacitar.
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Por molesto que parece el hábito, si se vuelve manía se disfruta pero llegado el momento del acomodo, del ajuste con uno mismo se empalaga de las acciones. La diversidad no existe, somos nosotros imaginándonos distintos.
Llega a la cama y antes de aventarse siente el alivio del suelo suave. Recordaba lo que tal vez le hacía tanto mal, tanto mal le hacía que empezaba a sanar a través de la agonía. ¿Qué merece un cuerpo tan hermoso? Sin jactarse de sus logros se sabía triunfadora, ese fué su error. Proclamarse una victoria insípida.
- ¡Ahí va aquella puta, cargando la cruz que le tallamos!
Nada se acomodaba en esa instancia, los dos cuerpos enrabiados hasta el alma. La plenitud de acomodarse entre la nada. Los dos espectadores eran sin saberlo los protagonistas. El espíritu se cansa de las formas y se diluye en las ideas. De ahí nacía la soñada resolución. De la tensa vida que ambos manejaban. Del estorbo que eran todos los demás. Los diálogos que obstaculizan los suyos.
Un sombrío parque les espera, el frío aire recorriendo sus pies. El vaho mínimo que escapade sus bocas. Todo lo que no se cuentan, se lo explican con caricias. Se ocultan en sueños venideros. Escapan como el humo del violento relámpago. Queda la luz en el ojo, la forma del rayo, lo que se dijo.
Alguna vez anhelaron el goce eterno. Cuando observaron el contraste en el espejo. Se imaginaron un amor idealizado. Plagado de hermetismo. Apenas tocaron la miel no pudieron deshacerse del exceso. Recurrieron al agua para despegar la materia espesa. Extrañaron sus manos lisas, su tacto seco.
Fue entonces que lograron el fracaso. Entregados a la nada, comenzaron a existir. Entonces vivieron de recuerdos. Nada parece satisfacer cuando el alma busca cuerpo. Ninguna sed es tan fatal como la que vive el alma a punto de extinguirse. La boca es tan violenta que se cierra. Los ojos fijan su mirada. Ya no hay fondo, la virtud del abismo es la permanencia en el espacio. El dolor en el estómago, grávido.
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